jueves, febrero 09, 2006

El precio del olvido


Este mediodía me ha llamado una amiga, y hemos quedado en el Parque del Mar para después de comer.
Hacía tiempo que no veía a Eva. (Qué coincidencia que se llame igual que la chica del tenis)

Eva no ha tenido demasiada suerte en su vida. O, al menos, así lo cree ella.

A mí me parece una chica de gran belleza, con un cuerpo bonito, pero que se malogró una pierna tras un accidente de coche. Desde entonces cojea, y muy a mi pesar, he de confesar que su defecto se me ha antojado más acusado que las otras veces.

Salía con un tipo que desde hacía algo más de un año y, al margen de lo mal que la trataba, Eva estaba coladita por él.

Una noche, tras abandonar Palma en dirección a Andratx, el vehículo que conducía su novio se salió de la autopista. Ambos sufrieron serias lesiones, pero ella se llevó la peor parte. La relación se quebró tan rápido como los huesos de su pierna.

Desde entonces, Eva experimenta un odio visceral hacia la condición masculina. Creo que su padre y yo somos los únicos que escampos a su profunda animadversión.
Vive sola, muy cerca de las Avenidas, con el pequño Félix, un perro en el que vuelca todo su cariño.

Pero aunque ya han pasado dos años del accidente, Eva no se encuentra nada bien.
Por eso me ha llamada.

Había estado de vacaciones en Madrid y una conocida suya, sicóloga, le había hablado del propranolol. Se trata de un medicamento que se puede conseguir con relativa fácilidad, cuyo efecto colateral es borrar los malos recuerdos.

Me ha pedido mi opinión. ¿Borrar los malos recuerdos? Me ha resultado fascinante y... peligroso. Necesitaba obtener más información antes de aconsejarle.

-¿No te ha ido bien con el Topamáx? -le pregunté, tras escribir en móvil el nombre del propranolol.
-Me afectaba a la vista -contestó Eva-. La verdad es que me fue muy bien al principio, pero me dolían los ojos y me asusté.
-Forma parte de los efectos secundarios. Quizá deberías haber esperado un poco más...

Eva soltó a su perro, que comenzó a corretear por el parque animadamente.

-¿Me dirás cosas, Paco?
-Claro que sí, cielo, en cuanto llegue a casa comenzaré a reunir información.
-Muchas gracias. Yo también trataré de encontrar algo.
-Cuídate.

Y en eso estoy...