martes, febrero 21, 2006

Actuar y pensar

Debo actuar más, y pensar menos.

¡Que ya es hora!

jueves, febrero 09, 2006

El Azar sigue inescrutables caminos


Buscaba razones que ofrecerle a Eva en contra del propranolol, cuando di con esta web: http://www.pangea.org/~jaumear/phk4.htm, que me pareció bastante curiosa.

El difunto escritor Philip K. Dick comentaba que había encontrado un pasaje, de no sé qué Biblia, donde se explicaba como sería el Paraíso: En ese imaginario lugar, el recuerdo de las cosas perdidas no turbaría nuestros corazones, no nos haría daño.

El texto decía “nos será dado el olvido”, por lo que el sufrimiento por la pérdida será borrado de nuestro interior como si jamás hubiera existido.

Me ha parecido muy interesante, así que rápidamente me he puesto a buscar información sobre ese escritor. Pues resulta que el tal Philip K. Dick escribió Blade Runner, la famosa película de Ridley Scout sobre los replicantes… Sin embargo, las casualidades van mucho más allá de esa pueril coincidencia. Y es que Dick creía firmemente en la existencia de universos paralelos, como queda reflejado en muchos de sus escritos. Para más colofón, era esquizofrénico y, además, tuvo una tentativa de suicidio… También había drogas de por medio.

No podía dejar de pensar en Miguel. ¡Y había quedado con él esa misma tarde, en el Parque del Mar!

Resumiendo, tengo un amigo con acusadas tendencias suicidas, que cree que mediante la muerte va a saltar a un “mundo feliz”. También tengo una amiga, traumatizada por un accidente, dispuesta a tomar propranolol para enterrar sus malos recuerdos.

Y todo colapsa en el Parque del Mar.

Pues bien, hablé con Eva, y su disposición a tomar el medicamento había desaparecido al enterarse que estaba contraindicado en pacientes asmáticos. No es que fuese asmática, pero había sufrido varios episodios y existían antecedentes en su familia. Así de claro quedó la cosa.

Miguel no apareció. Y yo, como un estúpido, perdido en medio del parque sin saber adónde dirigirme…

Y es que el Azar sigue inescrutables caminos.

La memoria de Eva

Efectivamente, Eva tenía razón, y el propanolol parece ayudar a olvidar los recuerdos traumáticos.

Me he quedado muy sorprendido. Resulta difícil de creer que una droga pueda ser tan selectiva como para detectar en qué punto se encuentran esos malos recuerdos almacenados, y destruirlos.

¿Será realmente posible?

Sin embargo, el medicamento no carece de efectos secundarios, y produce, entre otras cosas, ralentización del ritmo cardiaco.

También he descubierto que se ha usado en estados de ansiedad, exámenes, individuos violentos, etc.

¡¡¡ Curioso !!!

He quedado con Eva en el Parque del Mar esta tarde. He notado en ella una firme disposición a tomarlo, pero he conseguido un plazo de 24 horas.

Casualmente, me ha llamado Miguel para verme. Le he dicho que iba a estar muy cerca de su casa (Él vive en el casco antiguo, no muy lejos del Parque) Hemos acordado que le llamaría tras hablar con Eva.

Evidentemente, no se conocen.

El precio del olvido


Este mediodía me ha llamado una amiga, y hemos quedado en el Parque del Mar para después de comer.
Hacía tiempo que no veía a Eva. (Qué coincidencia que se llame igual que la chica del tenis)

Eva no ha tenido demasiada suerte en su vida. O, al menos, así lo cree ella.

A mí me parece una chica de gran belleza, con un cuerpo bonito, pero que se malogró una pierna tras un accidente de coche. Desde entonces cojea, y muy a mi pesar, he de confesar que su defecto se me ha antojado más acusado que las otras veces.

Salía con un tipo que desde hacía algo más de un año y, al margen de lo mal que la trataba, Eva estaba coladita por él.

Una noche, tras abandonar Palma en dirección a Andratx, el vehículo que conducía su novio se salió de la autopista. Ambos sufrieron serias lesiones, pero ella se llevó la peor parte. La relación se quebró tan rápido como los huesos de su pierna.

Desde entonces, Eva experimenta un odio visceral hacia la condición masculina. Creo que su padre y yo somos los únicos que escampos a su profunda animadversión.
Vive sola, muy cerca de las Avenidas, con el pequño Félix, un perro en el que vuelca todo su cariño.

Pero aunque ya han pasado dos años del accidente, Eva no se encuentra nada bien.
Por eso me ha llamada.

Había estado de vacaciones en Madrid y una conocida suya, sicóloga, le había hablado del propranolol. Se trata de un medicamento que se puede conseguir con relativa fácilidad, cuyo efecto colateral es borrar los malos recuerdos.

Me ha pedido mi opinión. ¿Borrar los malos recuerdos? Me ha resultado fascinante y... peligroso. Necesitaba obtener más información antes de aconsejarle.

-¿No te ha ido bien con el Topamáx? -le pregunté, tras escribir en móvil el nombre del propranolol.
-Me afectaba a la vista -contestó Eva-. La verdad es que me fue muy bien al principio, pero me dolían los ojos y me asusté.
-Forma parte de los efectos secundarios. Quizá deberías haber esperado un poco más...

Eva soltó a su perro, que comenzó a corretear por el parque animadamente.

-¿Me dirás cosas, Paco?
-Claro que sí, cielo, en cuanto llegue a casa comenzaré a reunir información.
-Muchas gracias. Yo también trataré de encontrar algo.
-Cuídate.

Y en eso estoy...

Miguel otra vez

Otra vez, sí, otra vez.

Y otra vez con su idea del suicidio. Aunque no le gusta que emplee ese término; ahora prefiere hablar de un salto cuántico. Antes se quedaba sólo en salto.

Cuántico

Le he pregungado qué es lo que quería decir con eso de salto cuántico y me ha mirado de esa forma que sólo él sabe hacer. Sus ojos brillaban con arrebato mientras me hablanba. Tan intensa era su expresión, que perdí sus palabras y tuve que pedirle que volviera a repetírmelo desde el principio.

Me daba nombres que yo memorizaba: Moravec, Everett y del gato de Schrödinger. Exceptuando este último, los otros no me sonaban de nada.

Busqué en Internet y encontré esta página http://en.wikipedia.org/wiki/Quantum_suicide La verdad es que no sé qué hacer. El año pasado avisé a la Policía, pero entonces tenía una fecha, incluso una hora.

Por aquellas fechas tuve la oportunidad de hablar con su hermana, que por cierto, se encontraba embarazada. Me contó que hacía unos meses le habían encontrado en la bañera con las venas cortadas. Decidieron internarle en una clínica privada.

Recuerdo que se acariciaba el vientre suavemente con las manos. Se mantenía un tanto separada de mí, como si temiera que le arrebatara al hijo que guardaba en sus entrañas. Finalmente echó parte de culpa a unos "libros raros" que su hermano leía y que ella, muy prudentemente, había escondido.

Por eso me animé a preguntar a Miguel por sus libros. Me contestó que los encontró en el altillo de su despensa. No me dio títulos, pero sí el nombre de unos cuanto filósofos... idealistas, como matizó él.

Entonces, caí en la cuenta que de una manera inconciente podía estar alimentando su alocada idea, así que pensé en cambiar de tema. No podía dejarle explayarse, pero también me veía obligado a instalar un poco de cordura en su mente.

Tras reflexionar unos instantes, me asaltó una idea y decidí correr el riesgo.

-Algo falla -le indiqué con mi voz cargada de solemnidad.
Él me miró extrañado y luego desvió sus ojos hacia el suelo.
-Lo sé -contestó, y se quedó pensativo.
-Hagamos algo, Miguel. Reflexionemos sobre este tema. Déjame buscar algo de información y, en caso de que tengas razón, prometo ayudarte
-¿Ayudarme?
-Sí, ayudarte. ¿O acaso no ves que algo falla?
Miguel se levantó del banco y posó su mano sobre mi hombro.
-Eres un buen amigo, ¿sabes?
-Gracias.
-Pero no entiendes nada, Paco, no entiendes nada.

Eso fue lo último que escuché antes de que mis ojos lo perdieran calle abajo.

El Azar sigue inescrutables caminos

Buscaba razones que ofrecerle a Eva en contra del propranolol, cuando di con esta web: http://www.pangea.org/~jaumear/phk4.htm , que me pareció bastante curiosa.

El difunto escritor Philip K. Dick comentaba que había encontrado un pasaje, de no sé qué Biblia, donde se explicaba como sería el Paraíso: En ese imaginario lugar, el recuerdo de las cosas perdidas no turbaría nuestros corazones, no nos haría daño.

El texto decía “nos será dado el olvido”, por lo que el sufrimiento por la pérdida será borrado de nuestro interior como si jamás hubiera existido.

Me ha parecido muy interesante, así que rápidamente me he puesto a buscar información sobre ese escritor. Pues resulta que el tal Philip K. Dick escribió Blade Runner, la famosa película de Ridley Scout sobre los replicantes… Sin embargo, las casualidades van mucho más allá de esa pueril coincidencia. Y es que Dick creía firmemente en la existencia de universos paralelos, como queda reflejado en muchos de sus escritos. Para más colofón, era esquizofrénico y, además, tuvo una tentativa de suicidio… También había drogas de por medio.

No podía dejar de pensar en Miguel. ¡Y había quedado con él esa misma tarde, en el Parque del Mar!

Resumiendo, tengo un amigo con acusadas tendencias suicidas, que cree que mediante la muerte va a saltar a un “mundo feliz”. También tengo una amiga, traumatizada por un accidente, dispuesta a tomar propranolol para enterrar sus malos recuerdos.

Y todo colapsa en el Parque del Mar.

Pues bien, hablé con Eva, y su disposición a tomar el medicamento había desaparecido al enterarse que estaba contraindicado en pacientes asmáticos. No es que fuese asmática, pero había sufrido varios episodios y existían antecedentes en su familia. Así de claro quedó la cosa.

Miguel no apareció. Y yo, como un estúpido, perdido en medio del parque sin saber adónde dirigirme…

Y es que el Azar sigue inescrutables caminos.